miércoles, 4 de enero de 2012

Primer cuatrimestre en Medicina Interna

Para que entren en materia, creo que esta entrada merece una breve introducción. Al estar en tercero de medicina se abre una posibilidad que en otros cursos no estaba: la de hacer prácticas, por fin, en el hospital. Creo que para muchos esa es la primera vez que por fin se encuentran "empapados" del ambiente hospitalario... y de los múltiples contratiempos que en él se pueden producir.

He de confesar que todos estos hechos hicieron mella en mí, encontrándome un tanto intranquila el primer día de mis tres semanas de prácticas. Lo mejor de todo fue que esos nervios no sirvieron de nada, ya que daba la casualidad de que la mitad de los médicos se habían tomado un puentecito y no había tantos pacientes como otros días. Al menos pudimos organizar los grupos y aclarar en qué iban a consistir esas dichosas prácticas.

Mi "misión" era, simple y llanamente, interrogar a los pacientes sobre su enfermedad con el fin de hacer una historia clínica (anotar lo que el enfermo o un familiar le cuenta al médico sobre su problema y sus antecedentes sanitarios). Hasta ahí no parecía ser nada de otro mundo. Sin embargo, he de decir que una historia clínica es mucho más quisquillosa de lo que podría parecer. Por poner un ejemplo, no basta con que el paciente te diga que le duele el pecho, también debes preguntar la localización exacta, si le duele más en ciertas posturas, si es continuo o fluctuante, desde cuando lo siente, si se le alivia con algo con lo que se haya tratado, etc. Como algunos comprenderán, no es fácil acordarse de todas esas cosas y siempre se te escapa alguna que otra.

Otra de las dificultades que entrañaba mi labor es que tuve que ejecutar las prácticas en la planta de Medicina Interna, seno de todas las enfermedades que suelen atacarnos cuando ya tenemos una avanzada edad... y una memoria y mentalidad de pescadito. Eso hace que cada vez que hables con el mismo paciente parezca que estás hablando con otro totalmente diferente. Para que me entiendan, esta es una típica conversación con un paciente mayor:

- ¿Tiene usted la tensión alta?
- No
- Entonces no toma ningún medicamento para la tensión, ¿no? (CONCLUSIÓN LÓGICA MÍA)
- Ah, sí eso sí...
Y así para la diabetes, dislipemias (colesterol y esas cosas) y otros trastornos variados... ¿¿¿¿SE PUEDE SABER EN QUÉ QUEDAMOS??? XD


A lo largo de esas tres semanitas, prácticamente interminables a mi parecer, pude comprobar la dificultad que entraña el mero hecho de interrogar al paciente y asegurarte de que se recoge TODO lo esencial en la historia. Sin embargo, además de eso, pude aprender otras cosas que no solo son útiles en el ámbito hospitalario, sino también en la vida misma.

Yendo a una de las cosas menos importantes pero sí más curiosas, cabe destacar que cuando íbamos al despacho de los doctores de la planta correspondiente siempre nos encontrábamos con ciertas alimañas humanoides esperando a que los médicos salieran para poder abordarlos sin piedad. Me refiero, como no puede ser de ningún otro modo, a los vendedores de las farmacéuticas. Los médicos son los que recetan los fármacos, eso es cierto... pero estos hábiles vendedores son los que se encargan de que dicho doctor no recomiende fármacos de una compañía que no sea la suya ¿Esto cómo se hace? Pues muy sencillo: engatusando al médico, bien con regalitos, bien con estudios que demuestran que su medicamento es "mejor que cualquier otro, pero ocultando que es casi lo mismo en la letra pequeña". Hace falta tener mucho sentido crítico para librarse de ellos. Espero que una de las cosas que traigan los medicamentos genéricos sea la reducción de la frecuencia de estas escenas.

Una de las opciones de las prácticas no venían en el proyecto docente como tal y se incluía como un "favor": la posibilidad de pinchar a los pacientes para extraerles muestras de sangre. La pega de esta posibilidad es que, como es lógico, esas muestras se deben recoger antes del desayuno de los pacientes y eso me obligaba a estar allí a las 7:30. Ante esta dificultad y ante los exámenes que se me avecinan (concretamente el de Organografía), la verdad es que no aproveché este "planazo" como debía.

Sin embargo, y aunque me pese decirlo, esas no fueron las únicas razones que me impulsaron a no realizar esa tarea opcional. En un mismo hospital puede haber secciones maravillosas para los estudiantes, en las que te enseñen cosas útiles... mientras que en otras secciones tienes suerte de poder realizar las prácticas, porque si fuera por las enfermeras de turno fijo que no las harías. Como yo soy de las que nació estrellada, fui una de las dos personas que se tuvo que conformar con ese intento de práctica.

¿Qué quieren que les diga? Con exámenes cerca no me iba a molestar en perder el tiempo (poco, sí, pero perdido igualmente) en ir a las 7:30 de la mañana y rendir menos en el resto del día.

Por último, lo que sí me repateó soberanamente es algo que ocurre hasta en los mejores sitios, y de lo que parece que no voy a poder huir nunca: los famosos favoritismos. Seamos francos... vale que hay gente que hace mejor las cosas y otras que las realizan peor (lo cual es normal y comprensible), pero lo que no puede ser es que un grupo lo tenga todo perfecto y los errores que cometan sean tomados "de buen rollo", mientras que lo tuyo parezca estar mal en casi todo y los fallos parezcan enormes e irreparables para el doctor que te está corrigiendo la historia. Simplemente, no es justo.

Lo mejor sin duda de las prácticas fue poder experimentar de primera mano la enfermedad como un hecho que sufren personas humanas y no como una cosa extraña y patológica que se explica en innumerables libros... Saber que detrás de cada trombo, subida de tensión o traumatismo hay una señora que perdió a su hijo recientemente, un señor que hasta ahora no había padecido de nada y debe dejuar su forma de vida o unos familiares que velan por que esas personas pasen por el trance de la mejor manera posible.

Y desde luego, la amabilidad de todos de los pacientes fue abrumadora, siempre dispuestos a contestar a las preguntas de los estudiantes sabiendo que por ello no recibirían nada a cambio, solo por el placer que se siente al ser escuchado, o soportando que un novato les asucultase o palpase. Bendita paciencia, la verdad.

Como no soy la única a la que las prácticas de medicina interna han desmoralizado... NO ME RENDIRÉEEEEEE! XD

Muchas gracias por leer esta inmensa entrada. Espero que les haya gustado.

2 comentarios:

  1. JEJEJE Yo ya casi termino, en la ULPGC, también. Recuerdo mis primeras prácticas de interna con mucho cariño. Tuve la suerte de que me tocase como tutor una gran médico y me pasaba el tiempo metida en el hospital, buscando como una loca a quién historiar. Me quedaba incluso más tiempo del que me correspondía. Supongo que influye en gran medida el médico que te toque; que sepa insuflar en ti esa pasión por la medicina.

    Creo que nunca olvidaré a la primera paciente a la que historié y exploré: una chica con cáncer de pulmón en fase terminal. Y fue increíble cómo me recibió con una gran sonrisa y demostró tener una gran paciencia conmigo, inexperta total.

    No te desanimes ni te desmoralices. Hay prácticas que cundirán más o menos, pero depende de ti el ponerle la ilusión. =)

    ¡Ánimo!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. En esta ocasión he de admitir que también tuve mala suerte (al igual que con lo de mi familiar). En este segundo cuatrimestre la experiencia ha sido muchísimo mejor gracias a la presencia de una residente, que creo que comprenden mejor la situación de los alumnos, y al cariño de los pacientes (que no ha sido poco).

      Hablaré sobre mis experiencias en una entrada no tan lejana. Muchas gracias por recordarme que debo escribirla, a veces se me va un poco la pinza :3.

      Eliminar