lunes, 23 de abril de 2012

Segundo cuatrimestre en Medicina Interna

Tal vez recuerden mi experiencia de la vez anterior todos los que tuvieron la oportunidad de leerla (si no fue ese el caso, pincha aquí y lo entenderás). En resumen, aunque estuvo muy bien conocer de primera mano el día a día de médicos y enfermos, no me sentí demasiado a gusto con el personal del hospital en el que me tocó hacer dichas prácticas.

En estas dos semanas las cosas fueron, para gran alivio y regocijo mío, muy distintas en esos aspectos que antes me desmoralizaban y hacían que llegara al edificio sanitario con unas ganas inmensas de hacer cualquier cosa menos estar allí. Es decir, me trataron mil veces mejor.

Como creo que debo de seguir un orden, lo primero de lo que voy a hablar es de los enfermos. Como en la práctica anterior, tuve muchísimas ocasiones de hacer historias clínicas a los pacientes ingresados en la planta de Medicina Interna, con uno de Cardiología y otro de Respiratorio añadidos, y excepto en la última, me di cuenta de que en reglas generales había mejorado mucho en la elaboración de las mismas. Esa fue tal vez una de las cosas que más me levantó la moral, pues a efectos prácticos lo que de verdad importa es saber ejercer el día a día de un médico.

Hablando de los pacientes, he de recordar que siguen estando tan dispuestos a ayudar y tan simpáticos como la primera vez que entrevisté a uno de ellos, es decir, muy muy dispuestos. Ha sido para mí un verdadero placer poder haber interactuado con todos ellos y espero que en estos momentos se encuentren mejor de sus afecciones.

En segundo lugar, si mal no recuerdan, tenía problemas para pinchar por las mañanas gracias a una enfermera antipática que no se aclaraba consigo misma. Pues muy bien, en esta ocasión me fui al lado contrario del hospital y, como en esta ocasión no había tanta gente preparada para llegar a las 7:30 de la mañana, allí logré extraer sangre tanto de vena como de arteria gracias a dos enfermeros muy hábiles en el arte de enseñar, pero sobre todo muy expertos en ser bellísimas personas. Desde aquí les doy las gracias por toda la ayuda prestada y por enseñarme en menos de dos semanas más de lo que una enfermera amargada e incompetente me enseñaría jamás en todo un trimestre.

Lo que no pude cambiar sin embargo fue la doctora que me tocó en el hospital, que fue la misma de la vez anterior. Para los que en la entrada de antes creyeran que estaba paranoica o algo, voy a demostrar que tenía razón al sospechar que había cierto favoritismo. Este caso es completamente verídico:
  • Doctora: !Oh, Pedro (por no poner el nombre real), cuanto tiempo sin pasar por aquí! ¿Que tal te va todo? ¿Y los exámenes?
  • Pedro: Pues me va todo bien, gracias (la típica respuesta, vamos)
  • Doctora: Me alegro... *Se gira dándose cuenta de mi presencia por primera vez en unos 5 minutos, conservando todavía una media sonrisita complaciente* Perdona, pero no me acuerdo de tu nombre...
  • Yo: Es Auxi ¬¬
Solo faltaba que dijera "¿Nos conocemos?" para que rematara aún más la opinión que tengo de ella, pero en fin, hay ciertas personas que por mucho que nos esforcemos no van a cambiar nunca, o lo harán demasiado tarde para que yo me entere. ¿Qué le vamos a hacer, si no aguantar? (Lo peor de todo es que hay gente a la que le cae bien... gente que le hace la pelota o algo porque yo no lo entiendo, pero bueno).

Cuando ya estaba a punto de creer que tendría que volver a soportar los favoritismos express de dicha profesional absolutamente imparcial, ocurrieron dos cosas en mi favor: la primera, que el nombrado Pedro se encontraba haciendo las historias clínicas conmigo, por lo que ya no se podía inventar errores donde nadie más los veía o, si los había, los corregía con mayor simpatía que antes.

Lo segundo que salvó esas prácticas fue la presencia de la residente asiganada a la doctora de turno, que resultó ser justo lo contrario que ella: muy simpática con todos por igual, modesta y mucho más instructiva a la hora de mostrar cosas de la exploración física y la interpretación de análisis de líquidos corporales varios. Con dicha residente lo que solíamos hacer era pasar planta y muchas de las veces nos encontrábamos con pacientes que ya habíamos historiado y a los cuales les parecía perfecto que los volviéramos a visitar. Ellos se sentían atendidos y nosotros no dejábamos de aprender cosas. Eso sí que eran unas prácticas.

En estas dos semanas además pisé por fin la consulta, no desde la parte de los pacientes, sino de la del médico. La primera vez resultó ser una completa pérdida de tiempo, pues casi todos los pacientes que se suponía que tenía que ver la doctora ya estaban siendo seguidos por especialistas, y no era plan que dos doctores diferentes gastaran recursos y liaran al paciente. El resultado de ello: que cuando el paciente venía la doctora no tardaba ni un minuto en explicarle que no tenía nada que hacer allí porque lo estaba atendiendo el dortor Pochoclo. Fuerte ganas de hacer que el paciente vaya al hospital para nada, pero en fin... así estamos (depués dicen que no me queje de la sanidad, manda huevos).

La segunda y última vez que acudimos a consulta fue mucho más interesante. Los pacientes eran, en su mayoría, personas que tenían alguna patología autoinmune extraña y que estaban siendo seguidos para ver como se encontraban y asegurarse de que no hubiera ocurrido ninguna recaída. Lo mejor de todo para ellos es que estaban evolucionando bien a pesar de las secuelas que sus enfermedades les habían dejado tiempo atrás, pero una de ellos era una mujer con fibromialgia, enfermedad caracterizada por dolores intensos y rigidez musculoesquelética, así como fatiga generalizada sin explicación biológica, por lo que se sospecha que es de origen psicológico. Teniendo en cuenta cual es el origen sospechado, está claro que es una enfermedad para la que no se tiene cura, siendo una pesadilla no solo para los pacientes, sino también para los propios médicos, que por ahora no pueden hacer nada por ella.

Como escalafón final, comprobé como el mundo de las farmacéuticas intenta manipular a los médicos de mil formas posibles. Asistí a una charla que en teoría se titulaba "Las infecciones en el anciano", pero que en realidad debiera haberse llamado "Compren el Emipenem, recétenselo a sus pacientes, que me han pagado para eso". Creo que no hacen falta más explicaciones acerca de este tema.

Hasta aquí mi entrada de hoy, señores. Muchas gracias por haberse leído mis experiencias en el hospital y hasta la próxima entrada.

4 comentarios:

  1. Me ha hecho mucha gracia tu post xD. La verdad es que no te había leído hasta ahora porque no sabía que tenías blog. Espero que sigas escribiendo con ánimo y aunque sea una mera curiosidad tu forma de escribir y más aún el contenido de tu blog me han recordado a alguien muy cercano a ti, que conozco desde hace unos cuantos años ^^.

    P.D. Disfruta de tus prácticas porque para mí son lo mejor de la carrera, a pesar de que, de vez en cuando, te toca algún médico pasota como la que te tocó. ¿Por casualidad no sería una doctora un tanto peculiar cuyo apellido hace referencia a un título nobiliario no?

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    1. En primer lugar, sí, la forma de escribir de Javi y la mía son MUY parecidas, tal vez porque los dos usamos el blog, en ciertas ocasiones, para decir todo aquello que en persona no estaría tan bien visto... En algo nos teníamos que parecer, ¿no? XD.

      El apellido de la doctora hace más referencia a la alopecia que a un título nobiliario... Creo que con esto te lo acabo de decir todo.

      Muchas gracias por comentar en el post, ya creía que era invisible o algo y me estaba empezando a preocupar.

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  2. Jajajaja, pillé lo de la doctora rápido. Esa no me tocó, pero me suena que era muy parecida a la mía. Por lo menos, debes estar orgullosa de que te hayan enseñado a sacar sangre, eso es algo que no saben hacer la mayoría de personas de medicina (incluído un servidor).

    Y sí, se parecen mucho a la hora de escribir ustedes 2 pero incluso así, tienen ciertas diferencias lo cual le da un rasgo característico al estilo de cada uno. Espero que no te desanimes escribiendo, que aunque la gente no te comente los posts, no significa que no te lean y eso es lo más importante, porque hasta los blogs más famosos de la blogosfera tuvieron su comienzo.

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    1. Sí, ya lo sé, pero aún así uno siempre se alegra cuando le comentan... además de tener una excusa para descansar, descubre opiniones diferentes (o semejantes), e incluso se aprenden cosas XD.

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