lunes, 17 de agosto de 2015

Sherlock Holmes, Estudio en escarlata

No me pregunten el motivo que me ha lanzado a leerme las obras de A. C. Doyle. He tenido uno de "esos impulsos" que nos suelen dar a los ávidos lectores en ciertos momentos de nuestra vida, y tomé un libro de la biblioteca más por instinto que por saber realmente lo que estaba haciendo. Cuando me quise dar cuenta tenía el libro que aparece en la imagen entre mis manos.

Saber que Doyle fue médico y esa era su principal profesión me da esperanzas para compaginar mi futura vida laboral con la escritura (si es que alguna vez logro tener tiempo e inspiración para cultivarla).

Dispuesta a seguir mis intuiciones literarias, comencé a leer la primera obra de Doyle respecto a Sherlock Holmes, la cual se titula "Estudio en escarlata" y centrará la entrada de hoy.

Las historias normalmente las cuenta el Dr. Watson, quien tras haber padecido una enfermedad que le obligó a abandonar la guerra y volver a Londres, se percata de que necesita compartir piso para correr con los gastos de su ahora inactiva vida (es lo que tiene la convalecencia). Vamos, lo que le suele pasar a la inmensa mayoría de los Séneca o Erasmus actuales que no se pueden permitir, y menos al principio, correr con muchos gastos en un piso individual.

Ilustraciones de Fernando Vicente

El caso es que, por un amigo en común, Watson acaba conociendo a un hombre muy peculiar de nombre Sherlock Holmes con el cual podrá convivir. Al principio no se percata muy bien de cuál es la profesión de su compañero de morada, ya que parece conocer muchos temas peliagudos (composición de todos los venenos, distinción de cualquier tipo de huella, composición del suelo de cada zona de Londres...) pero ignorar otros detalles de conocimiento general (el hecho de que la Tierra gira alrededor del Sol, por ejemplo).

Holmes se atreve con todo y es frecuente encontrárselo rodeado de mecheros Bunsen o bien dándole a su instrumento favorito, el violín.

Es el destino el que logra que se cruce en el camino de Holmes un caso de laboriosa resolución en el cual el detective permite que Watson le acompañe, saciando así la curiosidad de este último. Para resumir la escena, nos encontramos con un hombre muerto sin herida alguna en el cuerpo pero situado en una habitación llena de manchas de sangre y con la palabra "Rache" escrita en una de las paredes con la misma sustancia.


Lo sorprendente y característico de este relato (y los que aún están por llegar) es la capacidad de observación y deducción de Holmes, sobre todo a partir de elementos que a ojos inexpertos pudieran pasar desapercibidos. Serán estos los que le llevarán a la resolución del caso, el cual por razones obvias no voy a spoilear aquí.


Lo único que me pareció un poco fuera de lugar fue el relato de las andanzas del asesino, el cual pretende justificar sus acciones. Con un pequeño resumen en boca del mismo hubiera bastado y sobrado para que nos hiciéramos una idea del móvil, aunque sospecho que Doyle lo usó como vehículo para expresar su aversión a ciertas comunidades y costumbres.

Como colofón añadiré que si bien el estilo de Doyle es fácil de seguir, muchas veces la trama se puede hacer liosa con tantos nombres y tanto misterio por parte de Holmes, por lo que es recomendable que para la lectura de este tipo de obras prestemos especial atención al relato en sí mismo (y al nombre de los personajes) para no acabar perdidos.

Estoy deseando leerme los otros tres relatos y poder contarles más opiniones, pero por ahora lo que llevo andado me gusta y me hace arrepentirme de no haber tomado antes relatos de Sherlock Holmes. Nos vemos en la próxima entrada.

2 comentarios:

  1. A mí también me pareció muy fuera de lugar (y un tanto aburrido, todo sea dicho) el relato del pasado del asesino. Yo también opino que como mucho deberán haber sido uno o dos capítulos, no medio libro. Pero por lo demás es muy buena historia.

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    1. Se ve que coincidimos entonces XD. Espero que el resto de las historias mantengan e incluso mejoren el nivelazo de ésta.

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